El portafolio de iniciativas es ambicioso, a primera vista. No solo se quieren mejorar las reglas de juego en materia de infraestructura, sino meterle el diente a asuntos relacionados con el campo. Adicionalmente, la ratificación de varios tratados de libre comercio debería hacer tránsito, y se estudia la posibilidad de proponer cambios en lo que hace a las rentas territoriales.
No obstante, la apuesta santista se concentra en la política social. Si bien ha perdido impulso en las últimas semanas, el proyecto de reforma pensional del ministro de Trabajo, Rafael Pardo, continúa, en teoría, dentro de las prioridades del Ejecutivo.
Pero, sin duda, la mayor atención de este corto periodo legislativo –que va solo hasta mediados de junio– es la reforma a la salud. La propuesta, a cargo del ministro Alejandro Gaviria, concentrará las miradas tanto por las ambiciosas transformaciones que busca, como por su impacto en la vida de millones de colombianos.
Más allá de los detalles de cada una de esas iniciativas gubernamentales, la pregunta que se hacen los observadores tiene que ver con su viabilidad. La razón es que el actual no es el mejor momento para hacer 'revolcones'.
La tradición política señala los dos primeros años del cuatrienio como los indicados para que la administración logre concretar las normas que necesita para cumplir con sus promesas. En desarrollo de esa norma no escrita, los congresistas usualmente le cumplen al Gobierno con la aprobación de sus proyectos. De hecho, en lo corrido del mandato de Santos se han pasado 212 leyes y 5 reformas constitucionales.
Sin embargo, a estas alturas del calendario, los legisladores inician la preparación de sus propias campañas de reelección y evalúan los pedidos que reciben a la luz de sus intereses proselitistas. Muchos parlamentarios estarán más preocupados con empujar leyes y medidas que puedan ayudarlos en la búsqueda de votos. Tampoco darán el sí a leyes que crean confusas, con mala prensa o que les generen problemas con la opinión.
A lo anterior, se añade la naturaleza de las reformas citadas. Tanto la salud como las pensiones son temas que generan una inmensa controversia, no solo por los intereses del público, sino de una gran cantidad de sectores. Con los congresistas en campaña y el primer mandatario abocado a decidir su propia aspiración, ambas propuestas pueden ser un campo minado para los dos poderes, pues existe el peligro de que se reedite, a un año de la cita con las urnas, el desastre de la fallida reforma a la Justicia.
No solo los tiempos políticos conspiran contra el éxito de la agenda. Tras el complicado comienzo de año con paros, protestas y malestares económicos, el Gobierno lanzó una nueva estrategia para estos meses, que incluye el ser "más justos, más modernos y más seguros".
Uno de los elementos comprende realizar cumbres con los sectores productivos para diseñar un "plan de choque por el crecimiento y la productividad". Por cuenta de esa estrategia, existe la posibilidad de que los debates se trasladen del Congreso a la Casa de Nariño, con la consecuente pérdida de protagonismo de los congresistas.
Tampoco se pueden olvidar los proyectos de ley pendientes dentro de las comisiones legislativas y otros más en el sonajero. Unas 151 iniciativas de todo tipo vienen del anterior periodo y requieren continuar su trámite. En un tiempo tan corto, su discusión le robará espacio a lo que radique el Gobierno.
Todo esto conspira contra la marcha de la agenda en materia económica. Puesto de otra manera, reformas claves podrían complicarse en el Capitolio por ser impulsadas en un momento que no parece ser el más propicio.
Tomado de:portafolio.co