Si ensayamos respuestas es posible que en un inicio las mismas estén relacionadas con funcionarios, departamentos o áreas específicas dentro de la empresa: finanzas, contabilidad, el humor del gerente, etc. El enfoque más común dentro de las paredes de la empresa tiene que ver con fijar precios basados en los costos de producción a los que se agrega un margen de utilidad, la fijación de precios tomando como base únicamente los costos tiene su raíz en la teoría objetiva del valor donde el bien es el depositario del valor.
En esta teoría el precio de los productos o servicios depende sobre todo del tiempo de trabajo aplicado a la creación de las mercancías, esta corriente difundida por economistas clásicos y neoclásicos se ha colado en los procesos de toma de decisiones empresariales.
Un observador un poco más agudo podrá inferir que al consumidor en realidad no le importa mucho cuantas horas se trabajó para lograr el bien o cuanta materia prima se utilizó, al consumidor lo que le interesa es cómo este encaja en sus expectativas y le asigna un valor mental, y cuando el consumidor realiza la transacción lo que pretende es obtener el mayor valor posible al menor precio posible.
Un paraguas en un día soleado seguro no cuesta lo mismo que uno en un día lluvioso, el vendedor de paraguas de forma intuitiva conoce la diferencia de ofrecerlos en un momento determinado.Es evidente, el precio no depende exclusivamente del costo de producción, es fruto de la asignación de valor por parte del consumidor en un complejo proceso mental donde una escala de valores individuales calcula la relación valor – precio que dependerá del grado de utilidad y escasez (de forma dual) que para la persona tenga el bien.
Un filtro interno hace que cada persona valore los productos de una manera diferente e incluso la misma persona según el contexto valore el mismo producto de forma diferente.Por ejemplo, imprimir una estampilla tendrá un costo de producción de unos cuantos centavos y en base a ese dato un coleccionista podría negociar un precio que esté alrededor de ese costo de producción, pero la realidad es que en el mundo numismático no son raros los pagos millonarios.
Dos millones doscientos setenta mil dólares por una sola estampilla es lo que costó la "Three Skilling Yellow" como se conoce a una estampilla de origen Sueco que por error fue impresa en color amarillo, las otras tenían color verde azulado, única en el mundo; entonces la pregunta es: ¿qué hace que una persona pague esa cantidad por esta estampilla que apenas costo unos centavos imprimir?
Evidentemente quien determina el precio no es el empresario en base a las horas trabajadas, es el consumidor que lo hace según su valoración subjetiva de los productos o servicios. Por cierto, una reflexión a la luz de la subjetividad del valor, quien realmente paga nuestros salarios es el consumidor, pues el es quien pone los precios de lo que nosotros producimos.
La capacidad empresarial se pone a prueba intentando descifrar las preferencias de los consumidores, puesto que no puede meterse en la mente de cada persona, tiene que buscar indicadores externos que le guíen en esa labor, uno de esos indicadores justamente es el precio.
El poder de los precios radica en que son mecanismos que transmiten información para que los empresarios asignen sus
esfuerzos y recursos a producir lo que tenga mayor demanda y mayor rentabilidad. Colocar un precio adecuado es una actividad entre las finanzas y la sensibilidad del empresario para entender su mercado situando en primer lugar al cliente y sus percepciones de valor.
Tomado de: portafolio.co