En el siglo XIX, Rafael Núñez, el "pensador del Cabrero", llamó "reforma política" la recopilación de los artículos que escribió para justificar su voltereta del liberalismo radical al supuesto partido "independiente", a cuyo amparo el conservatismo llegó al Gobierno e impuso la Constitución de 1886. Desde allí, a toda modificación legal o constitucional que se efectúe se la llama "reforma política".

Álvaro Gómez y Antonio Navarro lideraron en la Constituyente la idea de que debía golpearse el bipartidismo y abrir las compuertas a nuevas agrupaciones políticas.

Uno de los mitos sobre justificación de la Constituyente ha sido el de que, antes del 90, aquí solo existían los partidos Liberal y Conservador. No es totalmente cierto. Al lado de los llamados "históricos" (de cuyos idearios solo quedan vestigios) existieron, al amparo o, mejor, a pesar de las instituciones de la Constitución de 1886, varios partidos, no como los "nuevos" de hoy, que en muchos casos son meras fábricas de avales repartidos a profusión.

Gaitán fundó, en 1933, la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria. López Michelsen, en contra de la alternación presidencial liberal-conservadora, creó el Movimiento Revolucionario Liberal, verdadero sacudón programático al liberalismo.

Exceptuado el periodo de Rojas Pinilla, cuando fue declarado ilegal, el Partido Comunista existió y tuvo representación en el Congreso con figuras estelares como Gilberto Vieira.

Destronado y perseguido, el general Rojas fundó la Alianza Nacional Popular, que llegó a tener amplia representación parlamentaria. El 'Tigrillo' Noriega, ministro de Gobierno en las discutidas elecciones del 19 de abril de 1970, reconoció después en un libro que el general habría ganado las elecciones de no ser por un fraude (sin patrocinio ni del Presidente ni del Ministro) que hubo en Nariño. El M-19 surgió como movimiento armado para hacer "respetar" el triunfo del exdictador. Y se ha olvidado la consigna inicial del grupo subversivo: 'con el pueblo, con las armas y con María Eugenia al poder'.

Galán creó el Nuevo Liberalismo y con la bandera de la lucha contra la corrupción política obtuvo una importante representación congresional y estuvo, tras su ingreso al oficialismo liberal, a las puertas de la Presidencia, que le arrebataron la mafia y otras fuerzas.

Entonces, sobre un falso supuesto, se abrió la posibilidad de que, después del 91, surgieran más de setenta partidos, sin vocación de permanencia. Basta con decir que las dos fuerzas determinantes en la Constituyente, Salvación Nacional y el M-19, en pocos años casi desaparecieron de la escena política. Las dos últimas "reformas políticas" buscaban, con razón, consolidar los partidos serios y por eso aumentaron el umbral. Hoy, casi los mismos que aprobaron la reforma vienen a "descubrir" que pueden afectarse las minorías. No midieron las consecuencias.

En sí mismo, el umbral no es una medida antidemocrática. La idea es facilitar que existan minorías que luego puedan convertirse en mayorías mediante el apoyo popular. No puede haber partidos simplemente por decreto, ley o constitución.

Ojalá que partidos serios como el Mira puedan conservar en las elecciones próximas el umbral, y que la izquierda abandone el canibalismo en su interior y logre unirse para consolidar un gran partido.

La otra "reforma", para prohibir el transfuguismo, fue una reacción natural a lo visto en los últimos veinte años. Por eso exigió a los parlamentarios que quisieran "voltearse" hacerlo con un año de antelación y así presentarse en nombre de otra agrupación. Esas reglas, como lo han dicho el Presidente y su Ministro del Interior, no pueden cambiarse ahora, ya casi en pleno proceso electoral.

Otro llamado al Congreso para que no haga más aparentes "reformas políticas" sin duraderos alcances.

Tomado de:eltiempo.com