¿Quién puede decir con gusto que paga impuestos? No creo que sean muchos los que lo afirmen. Es casi incomprensible cuando el aporte que se da no se ve reflejado en una mejor calidad de vida, en más desarrollo. Son infinitas y creativas las excusas para no pagar y esta cultura está tan arraigada en nuestro país y en general en nuestra región que "menos de la mitad de los latinoamericanos considera que evadir impuestos es un acto totalmente injustificable", según el libro 'Recaudar no basta: los impuestos como instrumento de desarrollo', que lanzó recientemente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Todos queremos un país mejor, donde los impuestos que paguemos sean, como dice esta obra, "los mejores aliados del crecimiento económico, de la movilidad y de la desigualdad social". Pero cuando el turno de aportar nos toca a nosotros, la vida ya no es ni justa ni equitativa.
"Creemos que la tributación es en función de la capacidad de pago no loable de nuestras labores, que es la base de la construcción de la vida en sociedad, en comunidad y en solidaridad", dice Juan Ricardo Ortega, el director de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia (Dian), y uno de los artífices de la reforma tributaria.
El discurso de Ortega, basado en la creación de consensos y el aporte de "un mínimo de solidaridad", se trasladó a la reforma tributaria que incluyó el Impuesto Mínimo Alternativo (Iman) para el pago del impuesto sobre la renta. Quienes paguen este tributo deben calcularlo a través del sistema con el que venían haciéndolo, pero ahora tendrán una especie de vara (el Iman) que no les permitirá tener un pago menor gracias a las deducciones y demás descuentos, a los que se les puso limitaciones.
Con estos cambios se buscó hacer más progresivo el sistema, quienes tengan más paguen más. En Colombia, uno de los países más desiguales del mundo, el TOP de los más ricos, que corresponden al 1% de la población, concentra el 20% de los ingresos totales de la economía y pagan tarifas del impuesto más bajas que los demás, de alrededor del 3%. Con el Iman se pretendió que los más pobres y de clase media, cuyos ingresos sean inferiores a los $3,4 millones mensuales después de las contribuciones por seguridad social, no paguen ningún impuesto frente al 6% que venían aportando.
Esto exime al 96% de la población que venía contribuyendo al impuesto sobre la renta, a través de las retenciones en la fuente. El 4% restante tendrá tarifas efectivas progresivas, con una máxima del 27% para el más rico.
Para entenderlo mejor tomemos el caso de una persona asalariada que tenga ingresos de $17 millones mensuales, es decir, $204 millones al año. Según cálculos de la Dian, si solo se dedujera lo básico tendría que pagar en impuestos $46,5 millones anuales, un 22,7% de sus ingresos.
Pero gracias a que el sistema es generoso y da exenciones y privilegios para ciertas actividades y sectores, la persona puede llegar a hacer una planeación tributaria agresiva que le brinde la posibilidad de pagar mucho menos: $9,9 millones, o sea, casi cinco veces menos de lo que hubiera contribuido sin esas gabelas. Con los cambios de la reforma tributaria la planeación realista arroja un pago de $24 millones, y con el Iman la contribución no puede ser menor a $14,2 millones.
El pago del impuesto de 2013 se hará en 2014, pero en este año a los empleados sujetos al impuesto de la renta, como los pilotos, les están haciendo la retención en la fuente que es el pago anticipado del gravamen. O sea que con gabelas limitadas y un impuesto mínimo, estas personas tendrán que sacar más de sus bolsillos de lo que venían haciendo.
Si bien la reforma tributaria fue elogiada incluso por la Ocde, el "club de las buenas prácticas" a la que quiere ingresar Colombia, ellos mismos afirmaron que esta se quedó corta a la hora de hacer más distributivo el sistema. Incluso, el economista colombiano y editor del libro del BID, Eduardo Lora, afirmó que el impuesto sobre la renta en el país sigue siendo un cascarón vacío: "tiene por fuera la forma de un verdadero sistema impositivo, pero ha sido ahuecado por dentro".
Las fallas: aún continúa la generosidad excesiva del sistema con gabelas y deducciones, a pesar de los límites que se impusieron, y sigue el tratamiento especial a las rentas y ganancias de capital.
En un país donde el recaudo del impuesto sobre la renta de personas naturales es el 1,1% del PIB, frente al 1,8% de América Latina y el 9% de economías de la Ocde, claro, se debe buscar la manera de que todos contribuyamos. Pero todos.
Dejar por fuera del Iman a los rentistas de capital no hace al sistema más justo. Propuestas como gravar los dividendos se hicieron en la reforma de 2012, pero estas se rechazaron. Basado en un estudio, Lora explica que dos quintas partes de los ingresos del 1% más rico del país son ingresos de capital.
Ahora que se avecinan tiempos más apretados y que se está pensando en cómo pagar un país que alcance la paz, se han puesto sobre la mesa las propuestas que quedaron por fuera de la reforma de 2012 y que siguen siendo deudas históricas con la sociedad. Fedesarrollo, uno de los centros de pensamiento del país, afirmó que es hora de "ir contemplando desde ya algunas de las sanas iniciativas que no se consolidaron en la última reforma, como imposición de un tributo progresivo a los dividendos".
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A mediados de este año estuve en Nueva Zelandia, un país perteneciente a la Ocde, de cuatro millones de habitantes y potencia agrícola que alimenta a más de 40 millones. Al preguntarle a uno de los productores agropecuarios por qué su modelo era exitoso a nivel mundial él respondió que en parte se debía a su buen sistema tributario. "Hay pocos abusos, porque es muy simple. En Nueva Zelandia no hay mucha élite, todos somos iguales, puedo hablarle al Primer Ministro, porque todos hablamos el mismo lenguaje".
Mientras el tiempo pasa y las propuestas sobre cómo conseguir más recursos se discuten en el Congreso, los colombianos deberemos seguir contribuyendo con el mínimo de solidaridad. Unos más que otros, de acuerdo con su capacidad de pago. No será perfecto, pero al menos es un primer paso.
Tomado de: larepublica.co