El superintendente de Sociedades, Luis Guillermo Vélez, se mostró contrariado frente a lo publicado por algunos medios de comunicación que han dado a entender a la opinión pública que la Ley 1116, de reorganización, es como si fuera una 'zona de distensión'. Incluso, se han hecho señalamientos a personas, a cargo de sociedades, intervenidas por la Súper, criticando sus modos de vida y gustos particulares; frente a esto, Vélez aclaró que las sociedades se inventaron para separar los patrimonios de las personas.

Ahora, con respecto a la Ley, señaló que esta es como un llamado al orden a los empresarios para que saquen adelante sus sociedades, pero cumpliendo estrictamente las nuevas obligaciones y reestructurando las anteriores a los procesos de intervención. "Muchas veces, la mejor forma de pagar sus obligaciones es que la empresa siga funcionando", aclaró Vélez.

Al entrar en Ley 1116, explicó, se paga primero a los trabajadores (tienen prelación) y luego a la Dian; siguen, en su orden, los acreedores prendarios, los hipotecarios y, por último, los quirografarios, es decir, los créditos que no tienen garantías específicas que respalden su recuperación con títulos valores.

Acerca de la última sociedad del sector floricultor a la que se decretó su liquidación, Falcon Farms, destacó que esta semana sus propietarios presentarían un recurso de reposición en busca de reversar esta decisión.

En su diálogo con este diario, el Superintendente recalcó que por ningún motivo –so pena de pasar a liquidación– se permite que las sociedades acogidas a la Ley incumplan sus obligaciones; además, destacó que la continuidad del funcionamiento de las empresas depende, no de la entidad (que acompaña el proceso), sino de los acreedores que avalan la reestructuración.

Ahora, acerca de las empresas del sector floricultor, la entidad de control reportó que durante el último año no se han recibido nuevas solicitudes de acogimiento a la ley, lo que se interpreta como un 'reacomodo' de estas sociedades a las realidades monetarias, tecnológicas y de mercado.

Precisamente, estos tres factores se identificaron como los causantes de la debacle, entre 2010 y 2011, que dejó desempleadas a 30.000 personas.

"La revaluación fue el detonante", dijo Vélez, a lo que se sumaron otras causales, como la baja inversión en tecnologías (variedades) y manejos administrativos bastante laxos, derivados de políticas monetarias anteriores (devaluacionistas) que sobreaseguraron los ingresos de los empresarios.

En un debate sobre la revaluación del peso frente al dólar, en el Congreso de la República, a mediados de junio, el gremio de los floricultores, Asocolflores, regaló 500 rosas con un mensaje que aclaraba que, por culpa de este fenómeno, más de 30.000 personas han sido despedidas de las

LAS COLOMBIANAS ESTÁN DE MODA

No son deportistas olímpicas pero ganan medallas de platino, oro y plata.

No desfilan en las pasarelas de Paris o Nueva York, pero se las ve muy discretamente en 88 países todas las semanas. Tampoco se roban las primeras portadas de los periódicos, pero últimamente son las colombianas más premiadas a nivel internacional.

Se trata de las flores colombianas, que tan sólo en un poco más de cuatro décadas se han consolidado como el primer renglón de exportaciones agrícolas no tradicionales del país y que han empezado a vender una cara diferente de Colombia en los escenarios internacionales.

Hasta Nicholas Kristof, dos veces ganador del premio Pulitzer y uno de los columnistas más leídos del New York Times, es uno de los periodistas que han visitado el país para conocer el milagro de las flores y más allá de su belleza, constatar el impacto socioeconómico de un sector que genera el 25% del empleo rural femenino formal de Colombia, un empleo desafortunadamente amenazado por el fenómeno revaluacionista.

Pero lo que realmente está poniendo de moda las flores colombianas en el mundo es el esfuerzo de los productores nacionales que, en medio de la crisis económica que enfrentan, han apostado todo a la calidad y renovación de sus variedades para atender un mercado global que según las cifras del GTA alcanzó a julio de 2012 los USD 4.200 millones en importaciones, y en el cual Holanda y Colombia respectivamente son los principales jugadores con cerca del 60% de la participación.

En los más exigentes escenarios internacionales en donde se dan cita los compradores mundiales de flores como Rusia, Ecuador y Holanda, las flores colombianas fueron ganadoras absolutas y se trajeron no menos de 20 medallas de oro en el segundo semestre del año.

En septiembre pasado en Moscú, 20 empresas colombianas regresaron con sendas medallas de oro como reconocimiento a la calidad y diversidad de sus productos para el mercado ruso, entre las 50 otorgadas por la feria Flowers Expo a los 300 participantes de 26 países productores.

Este mercado se ha consolidado como el segundo destino de las flores colombianas con ventas que en el 2012 podrían superar los USD90 millones.
En octubre, durante la feria Agriflor de Quito que atrajo un importante número de compradores europeos, la empresa Wayuu Flowers obtuvo el más selecto galardón, el premio platino a la mejor variedad con su rosa "Moody Blues"; mientras que en la primera semana de noviembre en Holanda, la empresa Turflor obtuvo el primer lugar en el concurso de la "Casa de la Calidad" de HortiFair 2012 con su mini clavel Gucci.
Pero no todo es color de rosa en la floricultura. Un sector que nació con vocación exportadora, que genera más de 150.000 empleos directos e indirectos y le reporta al país más de $1.250 millones de dólares en exportaciones, continua sensiblemente amenazado por más de 8 años de revaluación.

La floricultura, recientemente destacada por el Banco Interamericano de Desarrollo como uno de los modelos empresariales más exitosos de América Latina, sigue perdiendo competitividad por producir en el país con la moneda más revaluada del mundo.
Países competidores como Kenia y Etiopia podrán alcanzar la calidad de las flores colombianas en unos años, y son definitivamente una amenaza para los productores nacionales que ven, al igual que los cafeteros, como sus ingresos se siguen reduciendo por cuenta de una tasa de cambio que no favorece a los sectores con vocación exportadora.

Augusto Solano Mejía, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores, Asocolflores, el primer dirigente gremial en alertar sobre la llegada de la enfermedad holandesa a Colombia, se preguntaba en alguna oportunidad que para qué le sirven al país tantos Tratados de Libre Comercio cuando tenemos una tasa de cambio que no estimula la producción y las exportaciones nacionales.

¿A quien le compete defender el empleo y el ingreso que generan el sector floricultor, los cafeteros, y de paso todos los sectores exportadores amenazados por la revaluación?

Mientras se toman cartas en el asunto, el tiempo para los productores nacionales se acaba.

Las flores van a perder su brillo y su presencia internacional, y el reconocido aroma del café colombiano será sustituido por café de Brasil, India o Vietnam.

Tomado de: Portafolio.co