En comparación con Chile, Argentina descendió notablemente en los montos de inversión recibidas. Algo similar ha ocurrido con Colombia, que en el 2012 superó al país en un 26% y Perú ha venido mejorando su situación.

Una serie de eventos negativos ocurridos en este período de tiempo desencadenaron esta situación. Entre los más salientes podemos destacar: 1)La crisis política y económica del año 2001; 2) El incumplimiento de las obligaciones de la deuda; 3) La nacionalización de los fondos de las AFJP; 4) La expropiación de YPF no resuelta aún; y, 5) Las restricciones al acceso de divisas con su impacto directo en la dificultad de remitir dividendos al exterior.

Pero estas cifras no se reducen sólo a una cuestión estadística. Detrás de la caída de la inversión extranjera directa, se encuentra la pérdida o disminución de los beneficios que genera, que no son sólo cuantitativos en términos de impacto en la balanza de pagos.

Lo más significativo son los cualitativos que pueden resumirse en: i) desarrollo de sectores estratégicos; ii) Transformación de la estructura productiva del país receptor a través de la creación de encadenamientos productivos (alianzas con clientes y proveedores que permiten el desarrollo del empresariado local); y iii) Transferencia de tecnología y conocimientos facilitando la capacitación de recursos humanos y la creación y/o fortalecimiento del proceso de innovación.

En este contexto negativo, se sancionó la reforma del impuesto a las ganancias (Ley N´ 26.893) que incrementó la tasa efectiva del impuesto a las ganancias para las sociedades de capital del 35% al 41.5% al incorporar un impuesto del 10% que recae sobre los dividendos y giros de utilidades, que deja al país con la más alta tasa de impuesto a la renta societaria de la región.

En efecto, si combinamos la tasa del impuesto con la de contribuciones sociales sobre la renta, las participaciones de los empleados en la renta empresarial y la remisión de utilidades (dividendos), las tasas efectivas de los países antes nombrados son las siguientes: Brasil 34%; Chile 35%; Colombia 31,75; México 36,1%; y Perú con un rango entre 36,2% y 39,6%. 

Si se suma el impacto negativo de no permitir que las empresas ajusten por inflación sus resultados para la liquidación del impuesto, el efecto negativo sería mayor.

La comparación expuesta, no será indiferente a los inversores extranjeros. Lamentablemente, esta reforma nos dejará aún más al margen en el proceso de atracción de la IED.

El objetivo de esta reforma ha sido recuperar parte de la recaudación que se perderá como consecuencia del aumento de las deducciones personales de los trabajadores en relación de dependencia. Pero esto podría no ser tan lineal. El incremento de la tasa sobre la renta de las actividades empresariales puede impactar negativamente sobre la inversión y la actividad y, por ende, sobre la recaudación.

Tomado de: cronista.com