Para el cumplimiento adecuado y oportuno de la obligación de presentar la declaración de renta de las personas naturales, se necesitan algunos datos que debe el gobierno definir mediante la emisión del correspondiente decreto reglamentario. De manera particular nos referimos, en este caso, al componente inflacionario de los rendimientos y gastos financieros (incluida la diferencia en cambio) que aplica a las personas naturales no obligadas a llevar contabilidad.

Acorde con el estatuto tributario (Cfr. Artículo 40-1), el componente inflacionario depende de dos variables: la tasa de inflación del respectivo año y la tasa de captación o colocación más representativa del mercado. Si bien se trata de datos conocidos que permiten asumir un cálculo, constitucionalmente corresponde al gobierno emitir el reglamento que certifique el dato e imprima certeza informativa.

Pues bien, a escasos 15 días de iniciar los vencimientos del año 2025, es la hora que el gobierno no ha emitido el decreto que certifique la información aplicable para esta vigencia. No parece ser, sin embargo, un tema coyuntural sino más bien la muestra fiel de un mal endémico que nace de una marca registrada: “el cambio” prometido por el gobierno saliente. Repasando la historia normativa, encontramos:

Año Decreto Fecha
2026 No hay ¿?
2025 0771 Julio 7
2024 1006 Agosto 5
2023 0848 Mayo 29
2022 0728 Mayo 12
2021 0455 Mayo 3
2019 0703 Abril 24
2018 0569 Marzo 23
2017 0777 Mayo 16
2016 0536 Abril 5
2015 0426 Marzo 11
2014 0629 Marzo 26
2013 0652 Abril 5
2012 0563 Marzo 16

Reconstruyendo esa historia, se evidencia que el gobierno ha acostumbrado a emitir este reglamento hacia entres los meses de marzo y abril, con pequeñas desviaciones hacia el mes de mayo, pero nunca antes en esa historia, el gobierno había mostrado tanta desidia en cumplir su función constitucional y legal. Miremos otros datos de esa historia:

Año Decreto Fecha
2007 0873 Marzo 20
2008 0636 Marzo 4
2009 0850 Marzo 13
2010 0610 Febrero 25
2011 0858 Marzo 23

La historia explica por sí sola lo que se quiere transmitir.

En fin, estamos en medio de un cambio que efectivamente se ha sentido de manera estrepitosa y horrenda no solo en las demoras reglamentarias que afectan en normal y tranquilo cumplimiento del deber formal de declarar, sino por la cantidad de aburridos y bochornosos sucesos de corruptela que, al parecer, y gracias a las noticias, se han agudizado en los últimos días. Qué bárbaro. ¿Aló?