Según lo informó ayer el Dane, el índice de desocupación a nivel nacional fue del 12,1 por ciento, mientras que en las 13 áreas metropolitanas principales llegó al 13,1 por ciento.

En ambos casos, dichos guarismos son inferiores a los de año pasado. Incluso, el promedio es el más bajo en lo que va corrido del presente siglo, en lo que corresponde al primero.
 

Bajo esa óptica, la mejoría del mercado laboral sigue.
 

Es cierto que en comparación con otras naciones de América Latina, nos vemos en peor situación, pero la tendencia es alentadora, sobre todo en medio del clima de desaceleración de la economía.
 

De tal manera, la población ocupada sigue expandiéndose y ya llega a los 20,2 millones de personas, con un incremento del 1,9 por ciento.
 

Mientras tanto, los sin empleo bajan en una proporción similar.
 

No obstante, hay algunas señales a las que vale la pena prestarles atención.
 

Por ejemplo, dentro de las áreas que generaron los nuevos puestos de trabajo salta a la vista la contracción de la industria, que refleja la difícil situación por la que atraviesan las actividades manufactureras.
 

Al mismo tiempo, cuando se examina de dónde vienen los que están cesantes, saltan a la vista ramos como el inmobiliario o la construcción.
 

La causa de esa situación puede ser la alta rotación que existe en un campo que absorbe una gran cantidad de mano de obra de baja calificación.
 

Pero otra posibilidad es que los conocidos tropiezos que han tenido tanto la actividad edificadora como la de emprendimiento de obras civiles estén teniendo incidencia sobre el desempleo. Vale la pena escuchar esa alarma.

Tomado de:portafolio.co