agosto 14, 2014
(portafolio) En un episodio atribuido a Abraham Lincoln, se cuenta que antes de ser presidente de los Estados Unidos, ejercía como abogado en el Estado de Illinois. Cierta vez un hombre lo visitó en su oficina y, sin más preámbulos, le dijo: usted tiene fama de ser el mejor abogado de la región, por lo que quiero que me defienda de una acusación de robo en mi contra. Lincoln, a su vez, preguntó: ¿es usted culpable? ¡Claro! Respondió el hombre. Por eso quiero que me defienda, para poder salir de este problema sin tener que ir a la cárcel. En ese caso, no puedo defenderlo, replicó el futuro presidente. Usted ha admitido su culpabilidad y ya no podré representarlo.